12/07/12

SPOILER ALERT!: leyendo The hunger games


Termino de leer Mokingjay, y con ello toda la trilogía de The hunger games, y entre las muchas preguntas que me quedan flotando en la cabeza, una es si Suzanne Collins habrá leído La Storia y/o Il Gattopardo. Imagino que no, así como imagino que si la duda fuera demasiado seria podría ir a acosarla a donde vive en Connecticut para preguntarle, es la cosa con los autores vivos: aún se les puede preguntar cosas concretas. Pero, insisto, dudo que lo haya hecho, y en realidad me parece que la pregunta responde más a mi propia experiencia lectora, gracias a la cual decido que esta trilogía no está tan alejada de aquellas novelas a pesar de ser, a primera vista, diametralmente distintas.
    The hunger games es una historia de ciencia ficción ambientada en una Norteamérica futurista y post-bélica, donde se ha erigido la nación de Panem, un estado cuyo territorio está dividido geográfica y demográficamente en 12 (antes 13) distritos, de acuerdo con sus actividades económicas, todos gobernados de manera totalitaria y dictatorial por el Capitolio, la ciudad privilegiada en todos los sentidos, de donde emanan las leyes, la represión, y los Juegos del hambre.
Como buena historia de ciencia ficción, existen los antecedentes que han llevado hasta el momento “presente”, en este caso la rebelión de los distritos, the Dark Days, terminada 75 años atrás con la victoria del Capitolio, la firma del Tratado de la Traición y la institución de los Juegos del hambre, un evento televisivo anual en el que 12 niños y 12 niñas de los distritos participan en un desafío a muerte hasta que quede sólo un sobreviviente “this is the Capitol's way of reminding us how totally we are at their mercy”.
    Hasta aquí son claros, incluso sin necesidad de ir y preguntarle a la Collins, algunos antecedentes necesarios a esta obra. La política romana del pan y circo, donde el pan son los distritos y el circo los Juegos del hambre, como reflexiona Katniss, para el gobierno del Capitolio. Por otro lado esta trilogía tiene detrás toda la tradición de la ciencia ficción, dese 1984, hasta la Matrix, historias donde el ser humano ha llegado al fondo de su decadencia, ha perdido su libertad y lucha, con renovadas fuerzas, por recobrar el estilo de vida de un pasado ideal. Sólo que The hunger games, en voz de Katniss, su protagonista y narradora, lanza la duda sobre qué tan ideal puede ser ese pasado que nos ha hecho llegar a donde estamos.
    Por otro lado, junto al ya conocido sistema de control representado en 1984, en el que el gobierno tiene la prerrogativa de monitorear la vida privada de cada ciudadano a voluntad, Suzanne Collins lleva al extremo otro modernísimo sistema de control para Panem: el control mediático. Los Juegos son a la vez un entretenimiento para los ciudadanos (que de hecho dura prácticamente todo el año) y un recordatorio de la superioridad del Capitolio; pero igual de efectiva es la manera en que cada distrito permanece aislado física, pero sobre todo mediáticamente de los demás, pues toda la información del exterior es filtrada por el Capitolio (reminiscencia evidente del doublethink orwelliano), así como la educación, pues, por ejemplo, en el distrito 12, especializado en la producción de carbón “we are thought mostly about coal”, cosa común a cualquier sistema totalitario de la historia.
    Desde un panorama más amplio, es más que conocido que en repetidas ocasiones la ciencia ficción como la fantasía (ambos géneros que ha trabajado la autora) llevan detrás un comentario más o menos velado y más o menos radical sobre la realidad en que surgen. Hablan, finalmente, de la historia del ser humano. Así The hunger games representa un futuro posible moldeado por los excesos en ciertos valores que las sociedades actuales de hecho defienden e integran en su cotidianeidad. Se inscribe al final en el grupo de las obras que critican nuestra actualidad y explican cómo los errores de nuestra historia se pueden volver a volver a repetir.
    Sin embargo es también un drama personal, por esto la elección de la voz narrativa me parece todo menos casual, pues el relato de la historia es delegado en su totalidad a la protagonista, Katniss Everdeen, que relata cada paso en presente. Es decir que la ilusión que se construye del acto de narración, es que cada acontecimiento sucede, más o menos, en el momento de su lectura. Esta elección permite muchas cosas, por ejemplo que, a pesar de la densidad del argumento, el relato sea relativamente breve y, sobre todo, appealing. Hace poco, cuando alguien me preguntaba mi opinión sobre la novela, me descubrí repitiendo la crítica de Stephen King “es adictivo”, pues no sólo la agilidad con la que corre la acción (algo por demás probado en la literatura de habla inglesa) mantiene la atención, sino la identificación con todos los fenómenos psicológicos y emocionales que sufre Katniss Everdeen, pues más allá (o más acá) de ser una historia sobre la historia, The hunger games es un cuento de amor (en muchas de sus distintas facetas, pero amor a fin de cuentas). Más aún, si lo vemos estructuralmente, lo que leemos es la historia de una chica de 16 años que vive para sostener a su familia hasta que, siempre impulsada por amor a su familia y seres queridos, se convierte en el símbolo de una revolución.
     Katniss no es una heroína más de lo que es una víctima, es decir, puede ser una heroína cuando se ofrece como tributo para sustituir a su hermana, o cuando arriesga su vida por salvar a Peeta en la primera arena, o cuando entra en combate en el distrito 8, pero sus motivos siempre son lo más personales que pueden ser, casi siempre son sus afectos lo que la lleva a actuar de forma heroica en tal o cual ocasión, ya sea que se siente en deuda con alguien, ya sea por amistad o por amor. Fuera de esto, durante casi toda la trilogía, la historia es algo que le pasa a ella (y, no hay que ser injustos, a su círculo inmediato), los Juegos e incluso la Revolución son acontecimientos que la superan y que se sirven de ella hasta que al final nadie sabe qué hacerse de ella. Tal vez es por esto que el relato no puede evitar decaer hasta su casi final romántico, en el que Katniss de manera impulsiva decide evitar el gatopardiano “todo tiene que cambiar para que todo pueda permanecer como antes”, y más aún el final endulcorado de su epílogo.
    Así es, pues, como se me ocurre que The hunger games se puede relacionar con La Storia; un relato definitivamente más complejo e inconmensurable, pero que en el fondo hace, intencionalmente, lo que el otro hace tal vez inevitablemente: poner en evidencia el drama individual de las personas ante los dramas sociales e históricos que los superan sin dejarlos de afectar. En ambas autoras, por ejemplo, Morante y Collins, las escenas de violencia son impresionantemente vívidas y desgarradoras, al grado de dejarle a uno un estómago debilitado, pero no son nunca gratuitas:
the death scenes are always hard to write. It’s difficult to put kids in violent situations […]. Characters will die. It’s not fun to write, but I think if you can’t commit to really doing the idea, it’s probably better to work on another type of story. Given that, you have to remember who you’re trying to reach with the book […] Exactly what details they need to know to really understand it, and what would be gratuitous
 dice Collins.
     Por otro lado, Katniss, si bien pasa la mayor parte del tiempo lidiando con sus conflictos personales, no puede evitarse la tarea de lidiar con el “conflicto nacional” que, en parte, ella propició. Sus pensamientos, en ciertos momentos de la historia, parecen construidos desde un panorama más amplio y reflexivo del que se esperaría de una chica de 17, aquí cabe recordar que esta chica de 17 ha tenido la astucia para sobrevivir a la orfandad, a la opresión, y a dos ediciones de Juegos del hambre. El punto, a mi juicio, crucial a este respecto, es cuando la protagonista decide que el nuevo orden de cosas comienza a verse muy similar al viejo (y que de hecho ha sido así desde siempre), y decide actuar en consecuencia. Aquí es donde veo reflejarse Il Gattopardo, tal vez de manera más forzada, una novela que, desde la ficción histórica, comenta (prefiero este verbo al de ‘criticar’) la dinámica histórica de nuestra realidad, de nuestras sociedades. Lo mismo, a mi juicio, logra Collins con su trilogía, de nuevo, con una construcción narrativa más modesta, pero sobre todo con una configuración mucho más actual (hay que considerar el medio siglo entre una y otra obras), que nos hace saborear fenómenos que vivimos todos los días, como el de los reality shows, por mencionar uno.
    Alguien dirá, probablemente, que exagero en mis apreciaciones y que esto no es más, como de hecho leí en una reseña sobre la película, que una historia para adolescentes. No podría yo encontrar manera de rebatir a ese alguin, en efecto The hunger games tiene todo lo que una historia necesita para atrapar la atención de, no sé, mis hermanas preparatorianas, por ejemplo, por no decir de mis alumnos y algunos de mis colegas (coetáneos, sobre todo). Tampoco me imagino por qué esa característica, la de ser literatura para jóvenes, podría de alguna manera desvalorizar a la obra. Finalmente hay cosas ahí que me interesaría más que las entendieran mis hermanas pequeñas que mis abuelos.
   Cuanto le preguntan a Suzanne Collins qué espera que sus lectores extraigan de la trilogía, ella responde: “Questions about how elements of the book might be relevant in their own lives. And, if they’re disturbing, what they might do about them”. En mi opinión, esto es una inevitabilidad. En general tengo la idea de que la ficción, la buena ficción al menos, no puede más que tener ese último efecto. Personalmente, no puedo evitar formularme más preguntas cada vez que vuelvo a la historia, y, de hecho, quisiera comenzar la relectura lo antes posible, pero ya presté mi copia del primer libro. También está eso, pienso que es importante, por muchos motivos, comunicar esta historia.

03/07/12

Un día como hoy: 2 de julio de 2012

"Más vale malo por conocido..." quién sabe por qué esta frase me ha venido recurrentemente a la cabeza desde la madrugada de hoy (2 de julio de 2012). Yo también me siento consternado, preocupado, un poco triste, y yo también estoy a la expectativa de lo que vaya  a suceder. Yo también me niego a la resignación. Sin embargo, lo que leo y lo que oigo (desde hace meses) me hace pensar que no todos los que compartimos estas emociones estamos necesariamente en el mismo canal.
Creo que la historia nos ha enseñado un poco qué esperar de las masas, y nuestras relaciones particulares nos enseñan también qué esperar de las personas que nos rodean, y sin embargo ni una ni otra nos dejan de sorprender. En el lapso de las últimas veinticuatro horas fui atacado, casi ridiculizado por decir abiertamente que voté por López Obrador, pero antes de eso fui aleccionado (índice señalador y ojos encima de los lentes incluidos) para hacer lo propio, después he escuchado más veces de las que me gustaría la frase "resignación ante todo" y sus derivados, aunque de igual manera he escuchado a gente insultar y pendejear hasta a la puta madre que parió a cada persona que votó por el PRI. Por supuesto que también leo, no muy convencido, a quien defiende su voto tricolor, al menos un 30% de los votantes mexicanos.
Al final, lo que más siento es miedo, por distintas razones.
Primero, aunque he leído cosas muy sensatas que escribe gente muy inteligente que a veces ni siquiera conozco, es mucho mayor la cantidad de mensajes (a veces de gente muy cercana y muy querida) irracionales y agresivos, cuando no violentos (porque también se puede ser verbalmente violento) que he leído negando cualquier resultado que no favorezca sus deseos, juzgando, descalificando e insultando a cualquiera que piense diferente. He aquí el primer foco rojo, de qué se trata, me pregunto, de empecinarnos en que si el resultado no favorece a nuestros deseos vamos a rechazarlo y a armar escándalo (tal vez incluso hasta gerra, me sugerían por ahí) hasta lograr imponer a nuestro candidato? y con base en qué? en que, según nosotros, es la mejor opción para el país? y por qué nuestra opinión debe ser más valiosa que la de mi abuela que votó por Peña Nieto, o la de muchas otras abuelas que hicieron lo mismo? Se me ocurren varias respuestas a la última pregunta, pero ante todo se me ocurre que pues mi abuela tenía tanto derecho de votar por Peña Nieto, como yo por López Obrador, sólo que ella y yo no teníamos la misma información, por lo tanto no es que ella sea una pendeja, tampoco yo.
Yo no quiero un México gobernado por el PRI, claro está, pero eso es porque no quiero un México gobernado por la intolerancia, por la imposición de ideas, más que de personas, porque no quiero un México de retraso en las mentalidades individuales y colectivas. No quiero un México gobernado por el PRI, porque quiero un México con una sociedad moderna, libre y liberal, pero no hay nada de eso en reaccionar con insultos y con violencia.
Ahora, yo le decía ayer a una amiga que, de hecho, yo no voté por un candidato, sino por una idea, y por la esperanza, desde mi modesto punto de vista esa era la mejor opción. Debo admitir que, como muchos, mi fe por varias de las propuestas de AMLO siempre fue limitada, pero me di cuenta de que es muy triste llegar a creer que ciertos problemas como la corrupción, la inseguridad, la pobreza, entre otros, no se pueden combatir de fondo; y López Obrador eso propone, y si bien la cuentas parecen no salir, al menos existe una certeza: él es el único en proponer soluciones profundas y sensatas. Entonces, yo voté por una idea, sobre todo por un gobierno que prometía reclamar la participación ciudadana, y sin embargo veo avecinarse un gobierno que ofrece dejarnos (a algunos, no la mayoría) en nuestra zona de confort, con mejores telenovelas para que nos entretengamos en lo que ellos se ponen a lo suyo sin que necesitemos enterarnos. Segundo foco rojo, veo a México convirtiéndose lentamente en un Panem;* por eso, aunque la política en general, pero sobre todo la mexicana, me provoca casi urticaria, pienso que la resignación y la indiferencia son nuestra píldora de sianuro total, a partir de hoy necesitamos hacer que el gobierno escuche a la gente, el pueblo necesita asumir el poder que le garantiza un sistema democrático, aunque no con violencia, pienso que no es la vía la violencia.
Lo anterior me parece importante y lo apoyo, sobre todo en virtud de la gran cantidad de denuncias que ha habido con respecto a las irregularidades durante la elección. Creo que lo que hay que exigir es que se esclarezcan todas ellas y se logre una elección tan transparente como su presupuesto la presumía. Sin embargo, yo no me atrevería a declarar que le están robando el triunfo a López Obrador, yo (por favor noten la insistencia del 'yo') no podría asegurar que se está llevando a cabo un fraude, y no lo puedo asegurar porque no me consta, porque tanto en la casilla de al lado de mi casa, como en la que fui a votar todo parece haber transcurrido en calma (salvo por la lluvia, supongo), lo mismo para las casillas aledañas a la casa de mis padres, donde los resultados, a parte, coinciden con el PREP.
Por esto pienso que, una vez que se decida qué tan fidedigno es ese 6.51% de distancia,** podemos ensayar otras formas de leer los números, por ejemplo, podemos notar que, igual que hace seis años, ningún candidato ha obtenido una mayoría arrebatadora, eso es un poco tranquilizador, lo es al menos hasta ver que hay una mayoría casi absoluta, hay por lo menos un 51% y no es para la izquierda. Siguiente foco rojo.
Luego, podemos ver el mapa de las regiones que luce algo así:


Luego, lo comparamos con 2006 (donde el PRI obtuvo 22.26%):


Pienso en esto y casi de inmediato pienso en lo que he leído, desde hace año y medio, que la gente de los lugares más remotos y que vive en circunstancias muy extremas piensa sobre distintos problemas sociales. Con estas cosas en mente a veces he tenido miedo de que la masa opte al final por algún tipo de régimen totalitario, pues es impresionante la cantidad de veces que he escuchado y leído a gente común (obreros, señoras del mercado, abuelitas, carpinteros, pero también médicos, ingenieros, etc.) que lo que necesitamos es un gobierno que resuelva los problemas con mano dura, aún cuando esto implique sacrificar libertades individuales, es más, muchas veces sin tener la conciencia de que tal o cual medida implica la violación de alguna libertad individual. Recuerdo cómo hace seis años un maestro en la universidad (hablando de cosas a la vez lejanas y cercanas a estas) comentó que "El miedo a la democracia da paso al fascismo".
Si reflexiono un poco, mi sorpresa ante los resultados de una elección que no haya resultado favorable para la izquierda, o más bien, en contra de los problemas que nos ha traído la derecha, se disipa más o menos pronto. Por qué? pues porque la realidad es que me muevo dentro de un círculo más bien limitado, me relaciono con gente de cierto perfil (universitarios en su mayoría), gente que tiene varias posibilidades de acceso a la información (es más, que, como yo, muchas veces ni siquiera ve tele, ya no digamos tele abierta), Para no irnos lejos, vivo en el DF, que luce así:


y así ha lucido por lo menos desde hace doce años. Vivo, digo, en el DF, donde pasa todo lo que pasa, donde las manifestaciones son una cosa de todos los días. Donde también, creo, se ha estado ensayando el modelo de una sociedad moderna, por ejemplo se han establecido políticas sociales que muchos creímos que nunca se verían en México. Sin embargo, no creo que sea casual, las características inherentes a la ciudad permiten este tipo de movimientos. Qué tal si nos vamos fuera, no mucho, a 300km, a Querétaro que luce así:


en donde, a parte, no he platicado con nadie que haya votado por Peña Nieto, pero sí me he dado de bruces, una y otra vez, con la famosa "resignación ante todo". Debo decir, con el mínimo de emociones involucradas, que no me parece que la queretana sea una sociedad retrógrada, sólo que es innegablemente diferente a la capitalina.
Mi punto, como ya lo mencionaba en un post anterior, es que necesitamos comenzar a dar cuenta del otro. No digo que las manifestaciones sean inútiles, creo que son un recurso hasta necesario. Tampoco niego la posibilidad de un fraude, es más, pienso que si lo hay es necesario denunciarlo y esclarecerlo. Pero después de eso creo que toca ocuparnos en esto. Hay grandes focos en el país como el DF, qué tal que comenzaran a irradiar más de lo que ya lo hacen? a superar esos 300, 500 y más km que los alejan de lugares donde se sataniza a la izquierda?
Desde mi punto de vista México ha elegido colectivamente el retroceso, el viejo malo conocido. Por una mayoría absoluta la sociedad mexicana se ha negado a creer que sea posible erradicar la corrupción y la violencia. Peor aún, por una mayoría absoluta los mexicanos han comprado el producto, han comprado la idea de que si la empresa crece el obrero debe sentirse orgulloso, aunque ese crecimiento haya sido a costa de su propio bienestar.
Por ahí alguien dijo que ser joven y priista, en estos tiempos, es incongruente, yo no sé qué tanto lo sea,  o tal vez depende de qué entendamos por joven. También muchos no se han cansado de tachar de pendejos a quienes votaron por Peña Nieto, pero como dijo alguien muy inteligente a quien no conozco: "Me molesta también que se insulte de manera generalizada a quienes votaron por el PRI. Hay un tipo de personas votantes, las más pobres, las de menor acceso a servicios, bienes, todo. ¿Quién tiene la cara para insultar a esa población? Sólo quien oculta en ese desprecio abierto su racismo y su clasismo".***
Finalmente, se ha acusado hasta el cansancio a al menos el 30% de la población votante, de no tener memoria histórica. Pero, me pregunto, nosotros que sí la tenemos, qué nos hemos hecho de ella? La hemos de verdad difundido de manera efectiva?, porque los gritos hacen ruido, pero en el montón es más bien fácil perder el sentido del discurso, hace falta mucho más cuidado y paciencia para enseñarle a una persona su historia.
Termino esta noche de 2 de julio con la misma pregunta que terminé la noche de ayer: qué vamos a hacer ahora?

* que es la nación ficticia donde se desarrolla la acción de Los juegos del hambre.
**que es la cifra hasta las 20:39hrs.

24/06/12

[inserte título que lo anime a leer este post y después a votar]


Es la tercera vez que comienzo este post, porque las dos anteriores se extendía y se extendía con explicaciones de por qué esta vez, todo el tema de las elecciones me ha fatigado (y no sólo a mí, por lo que sé) hasta el verdadero hartazgo. En resumen ha sido sobre todo culpa ustedes (bueno, algunos de ustedes), y no necesariamente por la farsa descarada que han protagonizado los cuatro candidatos. Nótenes que tampoco a ellos los exonero.
No es secreto, para quien me conoce siquiera un poco, que en política soy, en primer lugar, un convencido escéptico, tirándole sinceramente a pesimista. Aunque no por eso soy indiferente. Algo que tal vez a varios que me conocen, incluso muy de cerca, se les escapa es que soy uno que cree con fervor en muchas cosas, entre ellas la responsabilidad que uno tiene hacia su entorno, como ente biológico y como ente social, sobre todo.
Mi punto es que creo que estoy del lado de los que ya quieren que esto pare, que anhelan que pase el primero de julio y que se lleven toda la basura que hoy es propaganda, y que quien quede elegido como presidente se ponga a lo suyo, y los que no, también se pongan a lo suyo, y que los medios hablen de otras cosas, y que en el cine nos dejen de vender candidatos para vendernos, no sé, coches o algo, y sobre todo que los que nos traen volantes a nuestras casas, y los que nos dejan fotos, y frases y videos en nuestros muros y TLs finalmente NOS DEJEN EN PAZ. Pero sobre todo, este es el lado de los que, a pesar del cansancio, entienden que es un momento importante, y se van solitos a leer, a ver debates, a escuchar propuestas, a decidir y a votar, solitos insisto, por convicción propia, con un criterio informado y fundamentado. En lo personal, y a diferencia de otras veces, no sólo he entendido que este año es importante votar, sino que es importante votar por alguien, así de grave está la situación, pienso.
Hablo de un grupo, evidentemente imaginario, donde arbitrariamente meto a casi toda la gente que conozco, y espero con ilusión que haya aún más. Por esto, a diferencia de los que postean tanto en Facebook, elijo relajarme y evitar el tema de la política en la mesa, en el trabajo, en las fiestas (a menos que lleve dos cartones de cerveza encima), en la vida en fin. Porque al final las cosas que tendría que decir, no es a mis amigos o familia a quien se las tengo que decir. Esta forma de pensar me relaja y me permite no angustiarme tanto hasta que un día platico con alguien que no quiere saber nada del asunto, y de hecho me dice que ni siquiera va a votar; acto seguido decido escribir un post.

Por motivos ajenos a todo este tema llevo un tiempo reflexionando sobre la cosa de la memoria histórica, y de pronto me viene a la cabeza algo que leí en Facebook hace unas horas (una de esas publicaciones que, de hecho, quiero que dejen de aparecer). Parafraseando, se me ocurre decir que en otros tiempos muchas personas lucharon, y muchas de hecho murieron peleando el derecho al voto. Un derecho que no es nada absurdo, pues implica la participación, por mínima que sea, de la gente en su gobierno, en su forma de organización política, en la forma en que su nación ha de ser legislada. Es decir, por una especie de reacción en cadena, votar equivale a decidir si uno puede ir a la cárcel por robarle el wifi al vecino, o no, por poner un ejemplo, digo.
Es sólo que ya no nos damos cuenta de eso, del hecho de que el voto es un derecho conquistado; y no lo notamos porque no somos nosotros quienes lo ganamos, alguien más lo hizo por nosotros, y ahora nos llega como algo que damos por sentado, algo que aparte es opcional cuando no molesto, pues implica sacrificar parte de un domingo en ir a hacer una fila donde al final van a poner una tinta apestosa en nuestros dedos. Peor aún, creo que tampoco nos damos fácilmente cuenta de qué implica no tener el derecho a votar. Desde hace tiempo alguien me llevó a la idea de que el interés personal es la nueva manzana del edén. Quiero decir que la mayoría de las personas hacemos la mayoría de las cosas pensando casi exclusivamente en nuestro propio beneficio. Y yo pienso que esto no es egoísmo, sino limitación, pues a pesar de vivir en un mundo globalizado, difícilmente nos preguntamos por el otro, es más, ni siquiera nos percatamos de que no estamos solos en el micro o en el metro. Ahora, si no pensamos en nuestro compañero usuario del metro, menos pensamos en un cubano promedio. Menos aún pensamos en cómo en algún tiempo pudo ser la vida para un alemán promedio, o un japonés, o un italiano, o un austriaco, o un ruso; pero a principios del siglo XX estos ciudadanos no tenían derecho al voto, tampoco lo tenían a muchas cosas que también ahora damos por sentadas, como comprar la comida de la marca que querramos, o viajar al extranjero, o tomarnos un café con amigos sin ser observados con desconfianza; más aún los gobiernos autoimpuestos de estos ciudadanos sin derechos iniciaron dos guerras mundiales, con todas las cifras impresionantes de pérdidas materiales y humanas que ya conocemos.

En fin, con lo controlador y paternalista que soy, muchas veces he sentido el impulso de tomar de la mano a cada conocido, amigo o familair que no quiera votar, llevarlo hasta la casilla, y decirle que marque el espacio del candidato que yo eligiera, por su propio bien, y el de todos; pero al ser eso ilegal y antiético, lo más que puedo hacer es recordarles por qué es importante votar (no sólo que lo es).
Pienso que con tanta cosa, con tanto medio para exponer nuestras ideas, con tanto gadyet, y con tanto ingenio que hay por todas partes, de pronto nos concentramos demasiado en que si uno es demasiado guapo, o si otra es demasiado fea, o si el otro está muy viejito, o si el otro es borrachín, y así; pero nos olvidamos de explicarle a quienes no lo saben, o no lo recuerdan (nuestros niños, tal vez?), por qué, aunque no nos caigan bien, es importante votar, votar por alguno de los cuatro, o votar por ninguno de ellos, ya si de plano..., pero votar.

30/03/12

I Never Knew You (I've Never Known You) - Jason Mraz

Quien sabe por qué esta canción me ha dicho tanto en los últimos días, quién sabe por qué Jason Mraz me dice tanto siempre...



Tell me a secret, tell me anything
What's your weapon? what's your middle name?
What do you believe in? what's your animal?
Are you a cat or a dog person?
What's your outlook? what's your favourite saying?
Hey, maybe you laugh, maybe you laugh a lot
Maybe you started, but you somehow quit the part
And you may be a hippie and a democrat,
Yeah I remember that, I think
And you might like wine, but you're not the type who likes to drink
Why make me, forget everything i know?
All my beliefs, replaced by scenarios
Of unintelligent life, echoing in stereo
On invisible mics, winding to my mind
So I would like another look inside you,
Yeah I would love the chance to love you, like I've never known you
Yeah, maybe you're sleeping on a telephone.
And maybe you're dreaming of an anglophone with a crooked smile
And maybe your profile, posts a brand new nose
And maybe your new job, it requires that you cannot wear any clothes.
Why make me, forget everything i know?
All my beliefs, replaced by scenarios
Of unintelligent life, echoing in stereo
On invisible mics, winding to my mind
So I would like another look inside you,
Yeah I would love the chance to love you, like I've never known you
Maybe your favourite colour is brown,
And maybe your crying and you're not sure why
Maybe you're living in a whole new town
And maybe you're back with your old boyfriend and you're busy going down.
Why make me, forget everything,
All my beliefs, are my memories
All the episodes of you, especially the ones that hurt
And the few that made me laugh
Well I can't get them back,
So I would like another look inside you,
Yes I would love the chance to love you
And I would love to love you!
Why make me, forget everything I know?
All my beliefs, replaced by scenarios
Of unintelligent life, echoing in stereo
On invisible mics, winding to my mind
So I would like another look inside you,
I would love to love you.
Yeah I would love the chance to love you, like I've never known you

21/03/12

En el día de la poesía...

se antoja aventurarse un poco.

"Tutte le tue poesie
parlano di Dio!"
mi dicesti.
Peccato!
Per una volta sola avrei voluto
scrivere una strofa,
oppure un verso al meno
che parlasse di te.

21/03/12
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Provando
cerco d’imparare la prudenza
di chi non legge lettere passate.
Cerco di lavarmi le tracce
che non sono state lasciate.

Una volta mi disse una voce
ormai perduta,
che ci voleva vivere nell’oggi.
Allora i miei giorni erano sempre  ieri.
Ora mi trovo sempre nel domani.


10/04/11
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Oggi ho fatto la strada di casa
a piedi.
Non sapevo nemmeno
se sapevo la via, e in realtà
penso di essermela inventata.
Camminavo cercando
come chi si diverte
giocando a nascondino.
Cercavo le tracce nell’aria
nell’erba, nelle pietre
che servavano il caldo del giorno passato.

Arrivato mi sono tovato
esteso sul  letto,
piangente.
Cercai di consolarmi
cercando.

10/04/11

17/02/12

Amaneces de pronto

con el corazón muy abierto, y decides que es hora de cerrar tu cerebro (lo mejor que puedas).
Caminas, escuchas, conversas, comes, miras al cielo, aprendes a ignorar ese hueco en el pecho.
Llega la noche, te bañas, lees un rato, te metes a dormir... (en la noche no puedes controlar a tu cerebro)
Sueñas.

28/08/11

Por eso...

quise irme y me hice una lista de las cosas que necesitaría llevar conmigo. Comencé acomodándolas en un mantel, mi palo de escoba estaba preparado, pero pronto me di cuenta de que necesitaría algo más grande, una bolsa no bastó, una maleta tampoco, y sin darme cuenta se fueron formando torres enteras de cajas y cajas.

Me sentí abrumado y triste de pensar que no podría partir, porque no podría llevar todo eso conmigo. Entonces hice un gran hallazgo, al final de todo, en el fondo del último cajón, descubrí una palabra. Nos miramos un rato como viejos amigos que se reencuentran. Nos sonreímos y comprendí que nada más necesitaba. Nos tomamos de la mano y juntos cerramos la puerta a nuestras espaldas. Y partimos.