05/11/09

"Sólo quedan las ganas de llorar al ver que nuestro amor se aleja..."

Últimamente me cuesta mucho trabajo salir de mi casa, no logro entender bien el porque. Será, tal vez, que ya no queda nada, o casi nada , de aquel antiguo yo que pasaba la mayor parte de su vida fuera de casa, que odiaba estar en casa los fines de semana y los "días de asueto", que siempre quería estar en la calle con sus amigos o sin amigos, haciendo cualquier cosa productiva o improductiva, bailabdo en un salón de baile, cantando en uno de canto, en un gimnasio, en un taller de creación o en alguna otra actividad extracurricular.

El yo de ahora pasa más tiempo del que se puede creer en su pequeña madriguerita (porque aquello en lo que vive está lejos de poderse llamar "casa"). Aunque ve menos, mucha menos Tv que aquél otro Yo de antes, pasa ridículamente mucho tiempo en la red, posteando entradas en su blog, atendiendo sus relaciones facebookeras, jugando Pet y Mafia, desvelándose viendo videos en YouTube, y, ocasionalmente, descargando cositas de la red. Claro, el Yo de hoy, como el Yo de antes, ama dormir, pero duerme más, mucho más, duerma al punto de que sus 5min se han convertido en al menos dos horas.

No puede evitar que una molesta culpa lo acose, pues sabe que debería dedicarle más tiempo a cosas serias (att. a este adjetivo) como preparar sus clases (lo cual, impresionantemente, siempre está listo entre 20 y 15 min antes de la hora); como escribir, pues valla que tiene muchas cosas que escribir; como buscarse un bonito trabajo que buena falta le hace (o le hará).

Y es que este Yo nuevo (aunque no joven, para nada joven) es una persona "seria", con responsabilidades también serias, que no puede saltarse una clase para ir al cine porque es él quien tiene que dar la clase, que, sobre todo, tiene que tomar decisiones de verdad, y eso es algo que le desagrada sobremanera.

En realidad este Yo se siente violentado, siente que ha sido forzado, que es constantemente forzado a hacer cosas como crecer, como decidir, "actuar como adulto", como responder, como ordenar (lo más ofensivo es cuando un mesero estúpido lo fuerza a decidir qué es lo que ha de comer).

Al final del día este Yo escucha dentro de sí, con añoranza, al Pequeño Príncipe (ok, el Principito) que le dice: "¿Cosas serias? ¡Hablas como las personas mayores! ¡Confundes todo! ¡Mezclas todo!"

1 comentario:

Gabiru dijo...

Rey!!! Me gusto. Deja de perder el tiempo en facebook :D