No soy una persona que llore, soy una persona que disfruta el llanto. Siempre he sostenido que aquello de llorar es de las cosas más sanas que hay, y un poco he agradecido cuando los astros han coincidido y también a mí me ha tocado soltar un llanto profundo, de esos que nacen bien adentro de uno.
También pienso, sin embargo, que el llanto lo vuelve vulnerable a uno, llorar es uno de los momentos en que más indefensos estamos, mientras lloramos es como si abriéramos la puerta de nuestras emociones, es como si diéramos libre acceso a cualquiera que quisiera escudriñar en nuestros sentimientos, es como desnudarnos, es más que desnudarnos. Por ello mismo no suelo llorar frente a los demás. Son pocas, de verdad pocas las personas que me han visto llorar, con las que me he permitido compartir ese gesto intimísimo. Nunca he llorado en el hombro de alguien que no fuera importante para mí y, aunque a algunas de esas personas las he dejado de frecuentar, siempre he conservado el sentimiento de que cada lágrima compartida es un pedacito de mí que se ha quedado en alguien más, un sutil pero poderoso vínculo.
Claro está que también he llorado en solitario, y esto, creo, es sólo un decir pues estoy convencido que siempre hay un testigo para el llanto, ese algo, sino alguien, que envuelve nuestros sollozos y al final cubre nuestros ojos de "dulce sueño" cuando el pecho ha llegado al límite de sus energías. Debo aclarar que he llorado de tristeza y de dolor, nunca de felicidad; en alguna parte de mí quiero creer y espero que sea posible ese grado tan inmenso de felicidad que las lágrimas simplemente no se puedan contener, quiero creer que es posible aunque nunca lo haya experimentado.
El llanto es también historia, una un poco oscura porque casi siempre recordar las veces que se ha llorado es recordar las veces que se ha sufrido. Siendo optimistas, por otro lado, recordar las lágrimas pasadas podría ser recordar las veces que uno se ha levantado y recomenzado a andar. Si eso fuera posible me gustaría algún día hacer un viaje a mi pasado siguiendo el rastro de mis lágrimas, realmente creo que pocos recuerdos serán más sinceros.
Al fin, estoy convencido de que el llanto es algo serio, es algo que sobreviene y no que se autoinduce, es un mecanismo que destila sentimientos muy profundos y que por eso no se le debe desperdiciar a la menor provocación. Es algo muy íntimo y por eso me sorprende, y un poco me inoportuna, ver que ciertas personas exhiben sus lágrimas, que escriben mails "confesando" haber llorado en tal o cual momento, o que lo van contando a quien los escuche, o, peor aún, que lloran en cuanto ven la oportunidad una mala calificación, el problema de un tercero, porque llueve...
Es obvio que esta tarde sólo estoy divagando, entonces para darle un bonito broche a mi maviajadez cito aquí uno de los llantos más bellos que me ha tocado leer:
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.
Y Amor que a mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
Sor Juana Inés de la Cruz
1 comentarios:
una vez me preguntaron que qué prefería si reir o llorar y antes de pensar en aplaudir dije "llorar" y es precisamente por la poesía de la tristeza y la probabilidad de la gran felicidad.
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