31/10/10

Burning hearts

"Stare qui, ha il sapore dell'eternità"

A veces, como hoy, recuerdo que el fuego sí es la metáfora más adecuada. Un fuego de esos humeditos, de esos opresivos, de esos que asfixian un poco. Una llamita de esas que acurrucan por las noches y que provocan dulces sueños y alegres despertares, y deseos. Una antorcha nocturna que ilumina vagas sobras, curiosidades que provocan ansiedad, nostalgia, falta. Una luz transparente de buenos pensamientos (puros pensamientos), de sonrisas furtivas y discretas, de bellos recuerdos. Un suspiro cuando el incendio disminuye.

Un corazón llameante es de las cosas más lindas (y peligrosas). Es ese que se acelera entre más crece la llama, porque el fuego entre más grande vibra más. Es ese que cierra la garganta y hace brillar la mirada. Es ese que derrite las pequeñas emociones y las destila por los ojos. Y provoca risitas nerviosas: ecos cavernosos de los incendios. Y hace sudar las manos, y enrojece las mejillas. Y no se apaga, llega un momento en que ya no se apaga.

Un pecho incendiado no es seguro, es la más vulnerable víctima de la inseguridad, pero vale la pena. Vale la pena terminar en cenizas si al final el fuego lo consume todo. Al final siempre queda al menos el gusto de la belleza.

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