En esencia uno come en familia porque los padres de Uno deben alimentarse (así, reflexivamente), y también porque en su mayoría (pero no siempre) asumen la responsabilidad de alimentar a esas personitas que (irresponablemente) han engendrado. En esencia, digo, eso de comer en familia es una cuestión de mera comodidad: "he de comer y de alimentar, y es mucho más cómodo hacer ambas cosas al mismo tiempo que de otra forma". Ahora bien, ciertas personas pertenecientes a ciertas sociedades (y los mexicanos somos un gran ejemplo en este sentido) se esfuerzan por "preservar la tradición" de comer en familia bajo el argumento de que la comida es un gran espacio de convivencia, importante para preservar la unidad familiar y la comunicación bla, bla, bla...
Puesto que me gusta publicar ideas impopulares quiero contestar esta idea de la importancia de comer en familia con sólo dos argumentos. El primero es que en lo personal no creo que la comida sea el único espacio que posibilite la convivencia familiar (tristemente me atrevo a creer que la Tv cumple mejor con esta función :S), pero sobre todo estoy casi seguro de que, si una familia no tiene una sana convivencia, puede compartir TODAS las comidas de su vida y no mejorar la relación de sus miembros. El segundo, el que llama más mi atención, es que la comida es el ritual por excelencia de la cotidianeidad, sin embargo no todas las comidas son rituales, y me atrevería a afirmar que la mayoría de esas cotidianas comidas "en familia" (lo contrapongo a la idea de comida "familiar" como las de los domingos en casa de los abuelos) son, precisamente, no-rituales. Así pues, al no ser un ritual no pueden ser parte de una tradición porque no tiene el peso simbólico y significativo adecuado.
Pues bien, en sí yo estaba pensando en las comidas-ritual cuando comencé a escribir. Ciertamente no podría (ni intentaría) negar que el acto de comer conlleva muchísimas implicaciones simbólicas, que se acentúan enormemente cuando se come de manera ritual. Comer es un gran acto de amor hacia sí mismo, por ejemplo. Y compartir la comida es en efecto un acto de íntima comunidad, es partir el pan juntos y decir "somos hermanos".
Ciertamente uno no parte el pan con cualquier persona, aún cuando hay veces que se nos ve forzados a comer con alguien non grato, uno sólo comparte si lo hace voluntariamente y con agrado. Una sobremesa, en este sentido, trasciende más allá de la banalidad del chisme, se vuelve comunicación, ese tipo de comunicación que dice "en este momento estamos compartiendo nuestras vidas".
Estaba yo pensando que por estos motivos la verdad es que no solemos compartir más de una comida al día con la misma persona. Creo que hacerlo, es decir comer y cenar con alguien, o desayunar y comer, o aún más comer, cenar y desayunar con la misma persona, habla muchísimo de la relación que se tiene con esa persona, y puede incluso darnos la esperanza de que algún lazo tenemos en el mundo. Sospecho que entre más comidas se comparten más íntimo se vuelve ese lazo, más familiar es la relación y más grande es el cariño.
Estaba yo pensando estas cosas porque ayer compartí dos comidas con las mismas personas y no recuerdo haberlo hecho antes jamás.
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