22/12/10

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Nunca he dejado de enfatizar lo mucho que me gusta el mes de diciembre, las razones son tan típicas que hasta casi me da hueva pensar que eso significa diciembre para mí: vacaciones, invierno (es decir frío, días más cortos, colores más musicales en el cielo, regalos, comida, ponche, fiestas (mal llamadas "posadas"), ruido en casa, laaargas horas de frasada y té frente a la televisión y también tiempo adicional para leer libros que por lo regular suelen ser adquiridos en esta temporada.

Siendo sinceros yo nunca tuve mi lección sobre "la Na(ti)vidad", al menos no una apropiada que me hiciera comprender los "valores de la navidad" y el "advenimiento del niño Dios", etc. Al final resulta que cada una de esas frases son para mí letras de villancicos o frases necesarias en cuentos navideños, también lugares comunes en todas las películas, telenovelas, canciones pop y anuncios publicitarios de la temporada.En cuanto a los ritos religiosos pues digamos que los entiendo como una necedad (en general, sin distinguir la temporada en que se los practique). Las pocas veces que he ido a misa de gallo, o a "arrullar al niño", no ha sido  ni tantito distinto de cualquiera de las misas dominicales que me han tocado: sólo un grupo de gente murmurando cosas que no entienden y sintiéndose bien porque a los ojos de los demás están siendo falsamente piadosos, obviamente sin comprender lo que eso significa. Hay tan poco sentimiento religioso en el entorno en el que he crecido que considero una verdadera proeza conservar ese poquito de fe que hay en mí xD.

Luego pues, diciembre para mí es la inmensa tienda de juguetes de mi niño interno, que en realidad es un cerdo capitalista. Lo más maravilloso de la temporada, creo, es lo que se puede comprar: un café y varios cigarros con los amigos que no he visto en tiempo, cenas costosas, fiestas costosas, ropa nueva (porque siempre ha de ser nuevo lo que se usará en las fiestas de nochebuena y año nuevo), y regalos, sobre todo regalos. Pienso que esta última es una de las cosas más maravillosas, comprar regalos es un interesante ritual en sí mismo, darlos y recibirlos es una de las pocas formas que nos quedan de comunicar emociones. Puede parecer superficial, claro, pero no nos engañemos, llevamos décadas, cuando no siglos, esforzándonos por quitarle lo profundo a nuestas emociones, tal vez es por ello que la época más significativa de nuestra cultura se ha vuelto con el tiempo en la más frívola (y lo digo como cumplido).

En lo personal amo pasearme por las tiendas de un mall decorado para la ocación, deslizando desmedidamente mi tarjeta. O caminar por las calles del centro cubriendome el frío con una bufanda nueva y admirando las ingeniosas formas que la gente inventa para hacer decoraciones de luces (simplemente amo las luces navideñas). Amo ver los desfiles y los nacimientos, amo los conciertos navideños, amo el cascanueces (aunque ya casi lo he olvidado, es lo malo de que algo se repita hasta el cansancio).  Y así mi agrado por lo decembrino es sobre todo estético, de la moda a la decoración y hasta llegar al arte.

La otra parte que amo de diciembre tiene que ver con los instintos, sólo en diciembre es lícito comer y beber desmedidamente, romper la dieta porque "es sólo una vez al año", ver la mesa llena de 20000 platillos que, obviamente, es imposible terminarse, garnachear en el centro, tomar mucho, mucho ponche y buñuelos a cualquier hora del día: el frío nos lo concede. Amo casi todo lo que se come en diciembre, desde las galletas de animalitos en el aguinaldo hasta el pavo relleno y la ensalada de manzana.

Está, claro, la cosa de la convivencia. En lo personal diciembre es el mes en el que más tiempo paso con mi familia, a parte de que por lo regular veo a mis tíos y a mis primos (cabe destacar que soy el primo mayor), y tener a mis niños cerca de mí siempre me pone de buen humor. Como ya dije, también es el momento que aprovecho para reunirme con amigos queridos y lejanos. Y por supuesto están las fiestas, todas las buenas fiestas ocurren en diciembre, aunque no cuento las fiestas propiamente decembrinas en realidad.
Para mí las cenas de nochebuena y de año nuevo hace mucho que dejaron de ser amenas. Sé que todo mundo dice lo mismo, pero yo de verdad creo que mi familia es muy aburrida, pero a parte muy amargada. Me cuesta trabajo recordar una navidad en que no haya habido algún tío que enturbiara el ambiente con su ausencia, o algún novio que fuera maltratado por mi abuela o así y entonces malvibrara la noche, o alguien que bebiera demás y entonces fuera blanco fácil para las críticas de todos los "mayores". También me cuesta trabajo recordar algún año nuevo en el que mi abuelo no hiciera un brindis lástímero, o pesimista, u ofensivo, o grosero, o todas las anteriores.
Las posadas (verdaderas posadas)  tampoco me encantan, no creo haber ido a más de un par en mi vida, pero no las recuerdo con agrado: la velita derritiéndose en mis dedos, los espantosamente mal entonados cantos, las porciones misérrimas de tamal o atole o ponche, las piñatas, simplemente odio las piñatas...
Las otras fiestas son las buenas: el aniversario de mis padres (14-dic), el cumpleaños de una de mis grandes amigas (18 -dic), este año, la graduación de mi hermana, los recalentados, las "posadas", etc.

Finalmente el clima de diciembre es ideal, y aunque muchos me han dicho que no sé de lo que hablo, yo con mucho gusto pasaría mis diciembres en lugares mucho más fríos que mi casa. Las noches en diciembre son más largas, eso es simplemente maravilloso para mí. Por si fuera poco los colores del cielo también son distintos, son más aterciopelados y envolventes.
Creo que lo que más me gusta en el mundo es la calma del 25-dic y el 1º-ene, los días más tranquilos del año, los días en los que literalmente no pasa nada, en los que hay un silencio supremo que envuelve absolutamente todo y no puede ser abatido por más que se intente. Lo que más amo es sentarme en mi balcón y ver el atardecer del 1º de enero, con una bufanda nueva cubriéndome la garganta del frío, con un cigarro en la mano... es como si ese atardecer fuera el click que hecha a andar la rueda de nuevo. Y así, enmedio de un silencio superior, entre los miles de tonos que hay entre el púrpura y el dorado, al tacto de los vientos del norte, todo vuelve a girar.

1 comentarios:

Sinikers dijo...

Te debo de confesar que para mi la misa de gallo es únicamente ir a escuchar "Cantique de Noel" y este año ya lo escuche por parte de la OFUNAM, así que doy por vista la misa de gallo de este año.
También me gusta mucho eso de los cánticos con las señoras desafinadas, los disfruto por que siempre me gusta imaginar el cántico que esta entre la señora de voz aguda y desafinada y la voz del grave del señor desafinado, siempre hay una nota en medio de esas desafinaciones, es esa la nota que me gusta imaginar, pero de vez en cuando pierdo la concentración y se vuelve molesto el cántico.
Eso de estar con la familia siempre me ha gustado. Siempre tiramos mala onda contra el que se deje, sin importar si estado etílico. Incluso yo he llegado a ser blanco del ataque de mas de 20 al mismo tiempo, pero debo decir que también he sido atacante.
En cuanto a los regalos.... Francamente no me gusta eso de recibirlos, me da mucha pena, creo que es un trauma que debo hablar con mi psicóloga.
Lo único que rescato de Diciembre son las vacaciones y el tiempo con la familia. De ahí en fuera no mas. XD