14/03/11

De esas veces que...

esperas un cierre o al menos un interesante giro en la historia, y, sin embargo, terminas fumando frente a la computadora, el iTunes en un shuffle amañado, y leyendo sobre una mujer que busca su voz; una voz que no obstante has estado escuchando con atención y de la cual has sacado bastante provecho.
De esas veces que llega la noche sin que lo notes y de pronto es hora de partir, y al final sientes que no sientes nada significativo, que simplemente no hay pensamientos qué meditar. Pero la ardilla es inagotable y antes de medianoche el vórtice está en su apogeo de nuevo, y entonces tienes que escribirlo y piensas que es inútil, pero la verdad es que no esperas que sea útil, basta con que sea simbólico, basta con que ayude un poco a amainar la corriente para poder dormir un poco.
De esas veces que ves moros con tranchetes, una vez más. Que quieres pensar en la tesis, el trabajo, el estado de cuenta que te llegó en la mañana, los problemas en casa, la tintorería y demás cosas serias, pero recuerdas que no quieres ser una persona seria y entonces no está tan mal seguir soltándole la rienda a pensamientos, inventando conversaciones posibles, acomodando las palabras que ya no vale la pena acomodar, imaginando, esa cosa tan absurda e improductiva que, sin embargo, consume la mayor parte de tu tiempo.
De esas veces que el capítulo resulta ser mucho menos interesante que todos los posibles, pero incombentemente más real (si tan sólo alguien te hubiera enseñado a apreciar la realidad).
Este post es sobre un día como hoy en el que quisiste concluir que ir a bailar para no perder la práctica era lo mejor, pero decidiste que no era posible, que nada cambiarías por la oportunidad de escribir este post.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

ME ABURRE!!!